Gastronomía y periodismo de periodistas

Hay una frase que usamos a menudo los periodistas, para evitar hablar de lo que hay que hablar: nosotros no hacemos periodismo de periodistas.

Y de esta forma hacemos lo mismo que hacen todas las élites que componen las sociedades contemporáneas, cubrirse entre ellas.
Políticos, sindicalistas, empresarios, lobistas, iglesias, y cualquier tipo de organizaciones sociales, tienen algo en común: entre bueyes no hay cornadas.

Bueno, las sociedades están cansadas. Y yo también estoy harto. Así que me voy a tomar un tiempito para caracterizar a nuestro gremio.

Las especies del reino del periodismo gastronómico

periodismo de periodistas

Como se hace con cualquier clasificación zoológica, iré de mayor a menor comenzando por la cúspide de la pirámide, los depredadores mayores.

Las águilas o tiburones

Una vieja frase romana decía que las águilas no cazan ratones. En el periodismo gastronómico esta máxima no se cumple.

Estas águilas son gigantes, cazan desde caballos pura sangre hasta ratones y si algo se les cae, vuelven y lo buscan.
Además son también carroñeros como las hienas. No vaya a ser que alguien se quede con alguna sobra. Y como los tiburones, trituran todo a su paso. Desde las alturas o desde las profundidades, están atentos a cualquier bodega, restaurante, industria alimenticia, dirección de turismo o agencia, para ofrecer sus servicios. Además cuando muerden a la presa no la sueltan.

Salvo que uno tenga a mano, «el batispray» contra tiburones.

Los extorsionadores

No son «Los simuladores», pero se les parecen. Castigan y castigan a la presa hasta que ésta, cansada de recibir tantas críticas cede a la extorsión.

Y así tras recibir sus correspondientes pautas, de feroces críticos, se transforman como por arte de magia, en apologistas de sus víctimas.

Los Lola

A Carlos Reutemann lo llamaban el Lole, porque cuando era chico siempre decía lolechone, por los lechones.

Yo a esta categoría la llamo lola, por los ladrones. Son esos periodistas que a conciencia y sin el menor escrúpulo se roban el trabajo que hacen otros, sin citar las fuentes.

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Hacen uso y abuso del copy-paste, a y eso, queridos lectores, en nuestro idioma se lo llama de manera elegante: choreo.

Los inimputables

Esta especie es la más común hoy en día. Está compuesta por una innumerable legión de jóvenes bienintencionados, que son arrojados a los medios, por universidades y escuelas que no los han educado.

Carecen de toda formación, no saben lamentablemente ni gramática, ni ortografía, no tienen idea de lo que es un género periodístico y están precarizados.
Usan Wilkipedia como si se tratara de la Biblia de la gastronomía y copian pero, porque no saben. Por eso son absolutamente inocentes. Roban sin saber que roban. Y por lo tanto inimputables.

Las jirafas

Su especialidad es comer de arriba, como buenos malabaristas en el arte del garroneo. Su opinión está a la venta por una caja de vinos, un par de voucher para cenar o unos pasajes a algún destino turístico.

 

Por mi pasado en la Universidad, he podido observar que también abundan en la crítica de arte. Los he visto en más de un Museo, llevarse puesto a un camarero en alguna Bienal de Chandon, para disputarse una copa de champagne -sí champagne porque los domingos me puedo dar el lujo de no escribir espumoso ni espumante- y un canapé de palmitos con salsa golf. Lo que los transforma en carroñeros.

Definidos por nuestro amigo y maestro Don Alejandro Maglione como bandejeros, son capaces de batirse a duelo por una pauta de las Secretarías de Cultura de cualquier ente oficial. Así que no son una especie exclusiva del Reino Gastronómico.

Los cocineros

Esta es una especie invasora. Proviene de otro reino, en cierta medida, soy y no soy parte de ella. Digo soy, porque soy cocinero. Y no soy, porque me formé al mismo tiempo como periodista. Así que en este caso, no soy.

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Los cocineros, hoy producen contenidos. Escriben columnas de opinión. Firman críticas de hoteles o de vinos.

Algunos con sobrados méritos y formaciones académicas. Otros simples aventureros, que reciben un pasaje o un alojamiento a cambio.

Periodista de periodismo

Seguramente a Escoffier o a Doña Petrona Carrizo de Gandulfo, no se les hubiera ocurrido firmar una crítica gastronómica jamás en su vida.

¿y de usted no va a hablar?

Quiénes ya pasamos los sesenta años, los baby boomer, nacidos después de la explosión de la bomba atómica y antes de 1964, hemos tenido que adaptarnos a tres mundos.

Nacimos en el mundo de nuestros abuelos, tuvimos hijos en el medio del nacimiento de otro, el de la Revolución de las Comunicaciones y estamos viendo crecer a nuestros nietos, en medio de la Revolución Digital y de las redes sociales.
Pertenezco a lo que llamo “los dinosaurios”. Aquellos periodistas que se formaron escribiendo con un Manual de Estilo en la prensa gráfica, y tuvieron que reconvertirse y adaptarse, más de una vez, a nuevos lenguajes y formatos de contenido.
El resultado: estamos escribiendo para un público que va desde los 18 a los 80 años y seguramente, los aburrimos a todos.

Hagamos lo que hagamos, siempre vamos a estar fuera de moda para todo público, porque no pertenecemos a ningún mundo.

Las conclusiones a cargo de un amigo

Sigo escribiendo, a pesar de saberme en vías de extinción, porque abrigo la esperanza de que cómo alguna vez soñó Isaac Asimov, algún día exista una Enciclopedia Galáctica.

Y tal vez, historiadores culinarios de algún planeta desconocido, lean estas crónicas a eones luz de distancia, cuando ya nuestro sol no exista.

periodismo de periodistas

De la misma forma que hoy yo puedo pedirle a Alejandro Maglione, que me escriba el cierre desde el Cielo de los periodistas gastronómicos, aunque ya no esté entre nosotros.

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“Ser periodista gastronómico exige primero ser periodista. Lo segundo es formarse en el tema de la gastronomía y la enología. El “interés” por la actividad puede ser que esconda el querer aprovechar para comer gratis en los restaurantes que les interesa, a los que concurren con sus parejas, cuando no hasta con amigos, abusando abiertamente de la confianza de quien maneja el lugar.  Tengo conocidos que adoran que las bodegas les regalen vinos, a pesar de declarar que no entienden, ni desean hacerlo, nada del vino, pero que los envíos les vienen muy bien para ir al Parripollo de su preferencia con su familia…
Los cocineros hacen lo suyo, aceptando ser contratados para realizar viajes con intenciones periodísticas.

Finalmente lo único que logran es que extrañemos aquella serie de televisión donde Anthony Bourdain disfrutaba ridiculizando la gastronomía del país que visitaba.

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Anthony Bourdain en la ARgentina

En el capítulo que correspondió a la Argentina, afirmó desde que comenzó hasta que terminó el capítulo, que en nuestro país solo se bebía cerveza. Claro, la producción lo llevó a una villa miseria en la Capital Federal, a Bariloche y finalmente Calafate, donde ciertamente no abundan las bodegas)”.

Hasta el próximo domingo.

Perfil del autor

Emilio R. Moya es Cocinero, Historiador Culinario y Periodista
Gastronómico. Ha sido docente de Filosofía y Estética, Miembro de la
Asociación Argentina de Investigaciones Éticas. Es periodista
free-lance y Editor de Chefs 4 Estaciones de Argentina.

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