Historias de inmigrantes: Ontario, California

Historias de inmigrantes: ontario, california
Esta es la parte 2 de un total de 6 partes en la serie Historias de inmigrantes

 

California se parece mas a México que a Chicago, de donde llegué hace más de una década. En ese sentido, para mí, una inmigrante mexicana, fue un alivio.

Mi estancia en California

Pero con el correr de los días, el no encontrar trabajo expeditamente, no dominar el idioma inglés que igual y pese a la presencia permanente del español, se requiere para cualquier asunto formal que se tratara,  la readaptación a nuevo entorno social y familiar, y la falta de automóvil, todos incidieron negativamente.

La vida nunca se me ha dado fácil, ni aún en México, sin embargo,  saberlo no me ha hecho perder o cambiar mis objetivos.

Ese carácter estoico y mi intención constante de cambiar, de mejorar mi destino, de tomarlo por los cuernos y  tratar sin cesar de dominarlo, me mantienen, me impulsan, me hacen levantarme cada vez que caigo o tropiezo.

La vida difícil

Los inmigrantes en el sur de California tampoco tienen la vida fácil. Todo lo contrario.  A las desventajas de no tener, en casi todos los casos,  preparación académica, de ser pobre,  de ser latino, hay que agregar lo que puede ser el colmo de las desventajas: ser indocumentado.

Todos esos adjetivos nos correspondían perfectamente a nosotros dos, recién llegados.

Antes de cumplir tres semanas de mi llegada,  y yo aun sin trabajo,  unos familiares nos mostraron el camino y nos presentaron con nuestra nueva casera. Habíamos conseguido el dinero para la renta y el depósito, gracias a mi hermana Magdalena, y se hizo el milagro: nos mudamos inmediatamente una vez que agradecimos a mi prima el habernos recibido.

No teníamos muebles, el departamento de una sola recamara estaba vacío, pero nuestros corazones  y almas pudieron respirar libertad e independencia, y eso nos colmaba de felicidad, no obstante las condiciones en las que comenzamos nuestra vida por cuenta propia en California.

Agua fría, luz, gas

Había una estufa que la dueña dejó. Funcionaba, pero no teníamos gas así que no podíamos cocinar, porque para iniciar contrato con la compañía de gas, había que pagar un depósito y no teníamos dinero para ello.

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Nos bañábamos con agua fría.

Además, la persona que nos precedió no había pagado la electricidad durante casi tres meses, algo que, nos dimos cuenta después, resulta bastante común y casi como una costumbre, y por lo tanto la empresa de electricidad nos había dado de baja el contrato. Para recuperar la luz debimos pagar el servicio usado por el inquilino anterior y una multa por haber usado luz de un contrato que no nos pertenecía.

A falta de refrigerador compramos en la tienda de la esquina un contenedor de hielo donde guardábamos la leche.

Nuestra casera, esposa de un pastor protestante de origen holandés, repartía despensas de comida, pan, latas de mariscos y sopas instantáneas. Con eso se  llenaron nuestros estómagos.

La misma sopa, con chile un día, con ajo otro y con limón el siguiente era nuestra dieta.

Mi hermano menor consiguió que alguien que trabajaba en construcción  colocando paneles de plafón en casas lo tomara de ayudante; era el sobrino de un primo político quien le dio la gran oportunidad de aprender.

Salario mínimo

Historias de inmigrantes: ontario, california
Historias de inmigrantes.

Ganaba poco más del salario mínimo, mi hermano. En México sólo había tenido un trabajo de vendedor de teléfonos celulares en una tienda de electrónicos;  sus manos no estaban hechas al trabajo duro.

Pero tuvo que asumir la necesidad; debió habituarse. Trabajó para la compañía que le producía la masa para pizzas a Domino’s;  lavaba  las charolas con masa putrefacta con agua hirviendo y acomodaba los insumos en congeladores gigantes durante toda la noche.

Con el transcurrir de los días, enfermó como yo había enfermado, con fiebres continuas, y todo por un sueldo mínimo.

Poniendo eso en perspectiva valoro la ayuda que le brindaron al tomarlo como aprendiz de “tapero”, porque algún día cuando se hiciera maestro en esa actividad le remuneraría buenos dividendos. Por lo pronto su sueldo nos permitía juntar poco a poco para la renta.

Una semana de trabajo

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Historias de inmigrantes: frontera EE.UU.-México. Foto: Librería del Congreso

Yo conseguí un trabajo de pocas horas por día en Del Taco, una cadena de comida rápida. Tomaba un camión  por un dólar. Siempre estaba hambrienta, pero no tenía dinero. Nos daban a los empleados descuento para comprar la comida del puesto. Volvía caminando porque no me alcanzaba. Caminaba varias millas bajo el sol inclemente, que sentía carbonizar mi piel, pero con el gusto de tener trabajo.

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El gusto duró muy poco: una semana. Los “papeles” que traje de Chicago no sirvieron en California, me despidieron, me dijo el supervisor, “hasta que traigas otros”. Yo no tenía los cien dólares que me costaría agenciarme de unos nuevos.

Limpiando casas, vendiendo muebles y trabajando por agencia el tiempo pasó. Una semana dio lugar a la siguiente y todo igual, y los meses sobrevinieron sin cambios, hasta que las caminatas que dábamos casi sin rumbo me llevaron a un local en donde empezaría mi actividad como activista por los derechos de los inmigrantes.

Hermandad Mexicana Nacional

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Historias de inmigrantes: de inmigrante a ciudadano.

Conocí allí al encargado del capítulo Ontario de una organización sin fines de lucro que se había puesto como misión pública ayudar a inmigrantes como yo, llamada Hermandad Mexicana Nacional. Acudí ahí en busca de ayuda, me acerqué para saber qué hacían ahí, y me ayudaron a llenar el formulario de extensión de permiso de estancia en los Estados Unidos.

Poco después  los acompañé como voluntaria a dos actos políticos, uno a favor de una legalización de inmigrantes a Los Ángeles, y el segundo a favor de la causa: “Licencias para todos” a Sacramento, donde se buscaba que se permitiese expedir licencias de conducir sin importar el estatus migratorio del conductor.

Fui contratada para ofrecer la membresía de la organización a los que visitaban la oficina. El trato directo con los inmigrantes, siendo yo misma una de ellos, hizo natural que al ver sus sufrimientos, desventuras y necesidades, me apasionara y convirtiera en activista por sus derechos más allá de mis horas de empleo.

Luche con todas mis energías por prodigarles respeto a sus derechos  y apoyo en mediación,  así como referencias  a los centros de ayuda u oficinas gubernamentales donde les pudieran asistir. Ese caminar me hizo conocer, buscar más recursos, enlazar necesitados con proveedores de ayuda. Me acercó también a los medios de comunicación para interceder por los inmigrantes, y hacer que la noticia contactara con los medios, y que los medios se acercaran a los de a pie.

Soy activista

Historias de inmigrantes: ontario, california
Historias de inmigrantes: marchas de 2006.

Para esa época las redes de paisanos mexicanos, empezaron a conocer y hacerse conscientes de sus derechos, y busqué, como tantos otros,  que las masas se activaran políticamente, porque debido a su estado de incógnitos por su falta de documentación legal no contaban políticamente en lo aspectos que les afectaba.

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Activé a la comunidad inmigrante del Inland Empire con el apoyo de compañeros activistas del área, entre los que podíamos encontrar hombres de negocios,  académicos, pastores, sacerdotes, estudiantes y amas de casa con sus niños.

Fui parte de los grandes, incesantes, difíciles esfuerzos para servir a la comunidad hispana en su lucha por sus derechos. Desde el año 2000 relacioné a grupos como Estamos Unidos y Hermandad Mexicana. También lo hice con gente inmigrante en busca de una voz y con los medios de comunicación en beneficio de las causas de licencias para todos .

En 2002 vino la misión de organizar el Paro Económico Latino, seguida por la lucha contra las redadas en junio del 2004 y finalmente las históricas Marchas de Los Ángeles en marzo, abril y mayo de 2006.  Colaboré como secretaria del consejo de la organización sin fines de lucro Mexican American Political Association (MAPA) y entre 2006 y 2008 serví como secretaria de la Cámara Hispana de comercio de la Ciudad de Ontario, OHCC por sus siglas en inglés.

Obtuve mi certificado de Educación General por el Estado de California en 2008. En 2007 inicié en sociedad -General Partnership- una distribuidora y editora de libros en español Cervantes Publishers.

De vuelta a México

Regresé a la ciudad de México a radicar en agosto del 2009*.

A la fecha colaboro con el sitio www.hispanicla.com que trata temas de latinos que viven en Los Ángeles donde desde que volví a Mexico inicie la serie: Crónicas del regreso,  donde narro lo que mis ojos de migrante en retorno pueden ver en mi patria. Para servir a los que como yo añoré, añoran a lo lejos su México, este México querido que me llena de abrazos y que adoro compartir con todos los que me rodean.

Si bien la emigración a Estados Unidos marcó mi vida  con vivencias positivas y negativas, ya en México, tengo la esperanza de que el camino recorrido en los Estados Unidos por esta mexicana que soy yo,  pueda ser de algún beneficio para mis connacionales y para mi gobierno.

Por esto cuento mi historia, para que sin necesidad de sufrir, puedan imaginar vívidamente lo que es ser inmigrante en los Estados Unidos.

(*) Desde entonces, la autora ha vuelto a vivir en California. N. del editor.

Sarai Ferrer
Acerca de Sarai Ferrer 20 Articles
“Librera”, estudiante, Mexicana orgullosa de sus raíces indígenas en la indómita San Salvador Atenco, de padre "bracero" Firme creyente en la pluralidad, el consenso y la tolerancia, idealista por naturaleza, transplantada a los Estados Unidos con todo y raíces desde la ciudad de México. Tomó la encomienda de usar habilidades aprendidas allí para servir a la comunidad hispana en el Inland Empire como activista de inmigrantes. Desde 2000 relacionó grupos como Estamos Unidos y Hermandad Mexicana con la gente inmigrante en busca de una voz y con los medios de comunicacion en beneficio de las causas de Licencias para todos (2001), Paro Económico Latino (2002), Lucha contra las redadas (2004) y finalmente las históricas Marchas de Los Angeles (2006).