Libertad de expresión vs. racismo: Harvard y Kashuv

De la misma manera en que sería inconcebible que se acepte a un estudiante o a un profesor que defienda la pedofilia o el incesto, no se puede admitir a los racistas e intolerantes que están erosionando nuestras instituciones.

Libertad de expresión vs. racismo: harvard y kashuv

El año pasado, Nikolas Cruz asesinó a 18 personas en Marjory Stoneman Douglas High School, en Parkland, Florida. Este fue el peor incidente de violencia en la historia de escuelas secundarias estadounidenses que, como es razonable, motivó a muchos estudiantes que sobrevivieron la matanza a apoyar mayores limites en la venta de armas. Por el contrario, uno de los estudiantes, Kyle Kashuv, que sobrevivió al ataque escondiéndose en un armario, inexplicablemente se transformó en un ardiente defensor de la Segunda Enmienda de la Constitución y el derecho a portar armas.

Es así como Kashuv se transformó en un símbolo diabólico para los liberales, pero más que popular en los círculos conservadores. El joven fue nombrado director de Turning Point USA, lo invitaron a la Casa Blanca en donde estuvo con Melanie y Donald Trump y fue bienvenido, más de una vez, en Fox News.

Camino a Harvard

Sus buenas calificaciones y un resultado excelente en el examen preuniversitario SAT le garantizaron que fuera aceptado por la prestigiosa Universidad de Harvard. El joven tenía planeado registrarse en el otoño de 2020, después de un año de sabático. Pero a veces lo que hemos hecho en el pasado vuelve inesperadamente y destruye nuestros sueños. Eso es lo que le ocurrió a Kashuv.

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El mes pasado, una ex compañera de la escuela de Parkland, Ariana Ali, publicó un video, en Twitter, que muestra un documento en el que Kashuv, dos años atrás, escribe comentarios racistas y antisemitas. Más específicamente, incluye 11 veces seguidas la palabra “n…..” que es considerada una de las más ofensivas e insultantes para describir a afroamericanos. Más adelante, la vuelve a utilizar en referencia a atletas de la misma raza.

Al hacerse público, la Universidad de Harvard investigó el caso y, a pesar del patético lloriqueo y pedido de disculpas de Kashuv, terminó rescindiendo la oferta de admisión.

Sus amigos conservadores, salieron inmediatamente en su defensa alegando que la decisión de Harvard representaba un ataque a la libertad de expresión y que tenía todas las marcas de un ataque político.

¿Libertad de expresión?

Se puede argumentar que vivimos en una democracia y que cada uno puede pensar lo que quiera. Aunque esas ideas sean repugnantes y no sean nada aceptables para la mayoría. Hasta ahí, de acuerdo. Pero esto no significa que el derecho de expresión sea absoluto. Las cortes judiciales claramente han establecido que existen límites. Muchos han recordado de que en una sala cinematográfica, por ejemplo, no se puede gritar “incendio” ya que el interés público prevalece sobre el derecho de expresión.

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La misma racionalización se puede seguir para proponer limites a la libertad de expresión cuando esta afecta principios fundamentales que son los cimientos de nuestras instituciones. Promover una ideología racista, apoyar movimientos totalitarios, son manifestaciones de un paradigma de intolerancia que no debería tener lugar alguno en nuestras universidades.

La decisión de Harvard nos recuerda que, a pesar de la mediocridad moral que Donald Trump ha insertado en la sociedad civil y la cobardía de sus socios republicanos que han optado por un silencio cómplice, todavía hay quienes defienden la decencia y la integridad.

Esto es racismo

Pero aclaremos que más allá de la contradictoria y repugnante defensa del derecho a tener armas de nada menos que un sobreviviente de la masacre de Parkland, la decisión de Harvard no se asienta en su ideología sino que en la falta de integridad moral que sugieren sus cometarios racistas.

En mi opinión, Harvard tomó una decisión apropiada, ética. Y no es que sea la primera vez. En 2017, a diez estudiantes también se les rescindió admisión después que se determinara que habían intercambiado memes ofensivos en Facebook. Y ya sea el caso del 2017 o el de Kashuv, la cuestión es que Harvard no tiene ninguna obligación de incluir elementos indeseables que rebajarían la calidad del debate intelectual que corresponde en un centro de altos estudios. De la misma manera en que sería inconcebible que se acepte a un estudiante o a un profesor que defienda la pedofilia o el incesto, no se puede admitir a los racistas e intolerantes que están erosionando nuestras instituciones. Kashuv no tiene lugar en un Estados Unidos democrático, tolerante. Solo puede encontrar refugio en las cuevas de la intolerancia conservadora y republicana que los Trumps y Fox News de este mundo le brindan.