Mi hermana desapareció un 2 de septiembre

Mi hermana desapareció un 2 de septiembre
Rosalba Vensentini. Foto cortesía de Marcelo Vensentini.

En medio de la madrugada del 2 de septiembre de 1977, secuestraban a Rosalba Vensentini, hija de Remy y de Angelita, piba de 19 años, mi hermana.

La Escuela Olavarria en Urquiza, más tarde el Normal 4 en Caballito y, al final y a la noche, en el Urquiza de Flores. Siempre dejó marca. Cada día que pasa (y van muchos años ya), voy sabiendo nuevas cosas de mi hermanita. Amigos, compañeros, cuentan cosas. Historias, actitudes, gestos.

Del horror de la desaparición que paraliza y silencia, con el tiempo vuelven los recuerdos que nos hacen más rica la vida.

Yo ya estaba preso cuando se la llevaron. Recuerdo el día de visita en la prisión política U9, de La Plata. Mamá entró silenciosa, seria como nunca. “Se la llevaron”, me dijo. Manos juntas, apretadas. Silencio. Dura era Angelita.

Por suerte cuando volví a la celda el Laucha Pontano, amigo y compañero con el que compartía celda, me ayudó a llorar. No me acuerdo cuánto. Mucho. Recuerdo los mates en esa madrugada.

Mi hermana desapareció un 2 de septiembre
Rosalba con su madre Angélica y padre Remy Vensentini. Foto cortesía de Marcelo Vensentini.

La desaparicion de alguien es un espanto que todos pueden llegar a comprender. Pero uno no entiende la hermandad, hasta que el hermano se va. Es un pedazo de uno. No es solo el momento del secuestro. Es la vida juntos desde que estaba en la panza de mamá. Mirarla en la cuna. Crecer al lado. No hablar mucho, pero entendernos siempre. Queda una llaga siempre viva. Pasan los años. Ya seríamos viejos. Y la llaga acá esta. La hermandad es un pedazo del cuerpo. Se puede sentir hasta en la soledad del piso frio del centro clandestino Atlético, en la corriente de la picana, la asfixia del submarino. Hasta el horror compartimos, hermanita.

Rosalba, hermana . Cecilia, compañera.

Cuantas cosas no pudiste hacer. Pero también cuantas hiciste en tus breves 19 años. Cuantos amigos dejaste. Cuantas aventuras transitaste. En una de tus pocas visitas a Sierra Chica, me pediste que calme a los viejos porque te ibas a cultivar lúpulo al Bolsón.

Y así estamos. Recordándote, siempre presente. El enemigo es el mismo. Hasta se repiten apellidos. El mundo cada vez mas oscuro, la lucha cambia de formas, pero es la misma. Como alguien dijo: “Luchar es tan importante como triunfar”.

Originalmente publicado el 2 de septiembre de 2019 en Facebook.