Vendedores ambulantes en Los Ángeles: enfrentando el odio en las calles

Muchos de ellos desconocen que el odio es un delito

Entre los grupos más vulnerables respecto a los crímenes de odio en las calles de Los Ángeles, se encuentran algunas víctimas que no los reportan porque no saben identificar ese tipo de crimen contra ellos.

Cuando la necesidad es más grande que el desprecio

En cuanto el semáforo cambia la luz en rojo en la esquina de Leffingwell y La Mirada, Juan inmediatamente corre con un ramo de flores en cada mano a ofrecerlas a los conductores lo más rápido que puede, siempre busca la mirada de las personas al volante para saber si están de acuerdo en que él se acerque a su vehículo a ofrecer las flores o de plano pasar al siguiente.

Algunos de los conductores no bajan la ventana del automóvil y otros ni lo miran, pero con su mano le dicen a Juan que no quieren comprar nada. El inmigrante de 44 años y originario de Guatemala no se acongoja ni se ofende, simplemente dice que ya está acostumbrado a los desdenes.

“Hay unos que me han escupido en las flores o en mi ropa”, explica. “Me gritan que me largue a mi tierra, pinche indio, y hasta me escupen, pero ya no siento nada”.

En los siete meses que lleva vendiendo flores, Juan dice que al inicio las expresiones mal intencionadas de algunos conductores si lo hacían sentir mal al grado que ya ni quería salir a vender. “Pero la necesidad es grande”, asegura.

Subraya que hasta el momento no ha sido un grupo en específico los que lo ofenden ya que han sido de todos, desde latinos, blancos y negros; no obstante, son los más jóvenes o más viejos los que parecen ser de los grupos que más lo han ofendido.

Juan, un vendedor de flores en las calles de Los Ángeles. Foto: Agustín Durán.

“Ahora ya no siento nada, simplemente si no quieren comprar o si me gritan algo, simplemente paso a otro carro”, indica el joven quien luce más de edad de la que tiene, es delgado y en su rostro parece no haber tenido una vida sencilla. Actualmente vive con su hermana y su familia en un cuarto de renta cerca del centro de Los Ángeles.

Al preguntarle sobre los delitos de odio, Juan simplemente indicó que no sabía qué era eso. Expresó que sabía que si su vida estaba en peligro podía marcar al número 9-1-1, pero no sabía que podía marcar al 2-1-1 para pedir apoyo en caso de un delito o situación de odio.

Un programa para concientizar

Yolie Anguiano, directora del programa CA vs Hate en 211LA.org, dijo que todavía se está en proceso de concientización e información a los vendedores ambulantes que en muchas ocasiones no saben que ese tipo de crimen existe y es por eso que no reportan los delitos.

“Ahora nos estamos enfocando en pasar la voz y brindar más atención a los vendedores”, explica Anguiano. “Ir a los puestos donde están los vendedores ambulantes para informarles que si ellos tienen una experiencia de odio de cualquier persona que los discrimine, que tienen la oportunidad de reportarlo abierta o anónimamente”.

Agrega que todos los vendedores pueden marcar al 2-1-1 si es que son víctimas de una experiencia de odio. “Lo importante es que lo denuncien para que puedan recibir el apoyo necesario”.

Anguiano subraya también que no solo las personas víctimas pueden denunciar el delito o situación de odio, también otras personas en nombre de la víctima lo pueden hacer o personas que son testigos del hecho.

De acuerdo a CA vs Odio del Departamento de Derechos Civiles de California, una expresión o acción hostil cometida, total o parcialmente, es la que se refiere a la identidad o características reales o percibidas de una persona, incluida la raza, el color, la discapacidad, la religión, el origen nacional, la orientación sexual o de género, incluida la identidad y por ser parte de un grupo protegido.

Dos tipos de acto de odio

CA vs Odio explica que hay dos tipos de incidentes de odio, uno son los actos que no son delitos, pero violan las leyes de derechos civiles; el otro, son los actos de odio que pueden no violar la ley, pero que al igual que el primero, causan daños importantes a las comunidades.

Algunos ejemplos de incidentes de odio pueden incluir intimidación, correos o mensajes de odio, un rechazo de servicios o insultos despectivos, como aquellos que le han gritado a Juan desde los vehículos en su esquina donde vende flores, pero que por desconocimiento, el joven inmigrante no ha denunciado.

Se estima que en el condado de Los Ángeles trabajan en las calles angelinas unas 10 mil personas, en su mayoría inmigrantes, latinos y en muchas ocasiones, inmigrantes que su primer idioma no es ni el español ni el inglés.

Juan expresó que afortunadamente el 2-1-1 no es nada difícil de aprender, aunque espera nunca tener que usarlo porque, subraya, desea no seguir siendo víctima de ningún tipo de situación de odio.

“Nosotros venimos a trabajar y a ganarnos la vida para nuestras familias”, expresa Juan, mientras con un ojo mira la luz del semáforo que ya está en rojo, lo que significa que es tiempo de caminar entre los vehículos y ofrecer sus flores. Son las dos de la tarde y de 10 solo ha vendido cuatro ramos.

«No buscamos hacerles daño a nadie», enfatizó.  «Solo queremos trabajar».

Delito que no cede

De acuerdo a información del fiscal general de California, en su último reporte publicado sobre este tema el año pasado, el delito de odio incrementó un 20.2%, yendo de 1,763 en el 2021, a 2,120 en el 2022. En los siguientes meses se espera el reporte más reciente del 2023.

La semana pasada, a un año de que las autoridades de California establecieron la línea telefónica de urgencia especial contra el odio – 833-866-4283 / 833-8NOHATE-, las autoridades informaron que la mayoría de las llamadas recibidas fueron referente a la raza y etnicidad, con el 26.8% de llamadas citando prejuicios contra los negros, mientras que el segundo y tercer incidente más citado involucraron prejuicios contra los latinos y contra los asiáticos.

Apoyos en 211LA

La directora Anguiano explicó que la mayoría de los vendedores ambulantes no saben el tipo de ayuda al que pueden acceder en la organización 211LA.org. Al reportar el delito, luego de platicar las opciones para las víctimas, dependiendo el acto, qué es lo que necesiten y lo que quieren solucionar. Durante la primera plática se verá si el apoyo necesario es legal, de consejería, de salud mental, de apoyo a un trauma o si quieren o no reportarlo a la policía. Además, si es necesario un defensor de la oficina de la fiscalía del distrito lo puede asistir. Todo será relativo a la necesidad de cada persona, inclusive, en algunas ocasiones hasta para apoyo financiero podría ser elegible.

El reporte se puede llenar en 211LA.org, en español, inglés, o cuando habla por teléfono al 2-1-1, puede comunicarse en inglés, español o hablar con un intérprete de lenguas indígenas.


Este artículo está respaldado en su totalidad o en parte por fondos proporcionados por el Estado de California, administrado por la Biblioteca del Estado de California en asociación con el Departamento de Servicios Sociales de California y la Comisión de California sobre Asuntos Estadounidenses Asiáticos e Isleños del Pacífico como parte del programa Stop the Hate. Para denunciar un incidente de odio o un delito de odio y obtener apoyo, vaya a CA vs Hate.

This article is supported in whole or in part by funding provided by the State of California, administered by the California State Library in partnership with the California Department of Social Services and the California Commission on Asian and Pacific Islander American Affairs as part of the Stop the Hate program. To report a hate incident or hate crime and get support, go to CA vs Hate.

Autor

  • Agustín Durán

    Agustín Durán es un inmigrante que ha ejercido el periodismo en diferentes medios de Los Ángeles por 23 años y actualmente es editor de Metro de La Opinión. Es graduado de Ciencias de Comunicación en Ciudad de México y tiene una maestría en Comunicación Masiva de la universidad de Northridge. Es padre, esposo y es tan escéptico que no le cree ni a su madre cuando le dice ´te quiero´, se lo tiene que probar.

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Agustín Durán

Agustín Durán es un inmigrante que ha ejercido el periodismo en diferentes medios de Los Ángeles por 23 años y actualmente es editor de Metro de La Opinión. Es graduado de Ciencias de Comunicación en Ciudad de México y tiene una maestría en Comunicación Masiva de la universidad de Northridge. Es padre, esposo y es tan escéptico que no le cree ni a su madre cuando le dice ´te quiero´, se lo tiene que probar.

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