domingo, febrero 28, 2021

La vuelta a Manhattan en 365 días: El andamio

Juan Guadalupe Luévano, oriundo de Puebla, mira plácidamente por la ventana del piso cuarenta y dos en el River House mientras pendula de un arnés limpiando la ventana de la suite principal. Con una mano limpia, con los ojos mira, con los dedos raspa los restos de excremento de pájaro y con el oído escucha el andamio quejoso que se balancea suavemente. La rubia de las pantys negras del penthouse lo distrae. Poco puede asustar el concreto a Juan Luévano cuando las esponjosas tetas de la rubia lo obnubilan.

Desde adentro y protegida de los 101 grados por un acondicionado que chifla a full, la rubia, a la que llamaremos Kiki Lamont, se saca los sostenes y deja entrever la instalación de sus flamantes senos recién estrenados con su marido número seis, principal accionista del River House que acaba de salir, coincidencia, a su oficina por una hora o dos.

Juan Guadalupe Luévano no aguanta. Con el mango del limpia vidrios golpea el vidrio. Kiki lo ignora, aunque sonríe a medias mientras le saca la etiqueta a la nueva serie de sostenes 34 D que le acaba de comprar su marido 6.

Tocan el timbre. No es el marido 6. Es el conserje, Angel de Jesús, oriundo del Cibao que, aprovechando la ausencia del marido 6 le trae un ramo de flores que no tiene remitente.

Kiki Lamont se pone la bata. Kiki abre la puerta con los nuevos 34 D en mano. Los cuelga, oh sorpresa, en la manilla de la puerta para recibir sus flores. El conserje, que es bajo, ya no tiene que inclinar el cuello hacia abajo para apreciarla. Laspupilas se le paran en el escote de la bata en los sostenes 34 D y entre las flores da un leve suspiro porque su vista da justo a la altura de sus recién ajustados pezones. Kiki Lamont se asegura que está fuera del espacio grabado por la cámara, lo toma de la mano,se la acerca a sus tetas, cierra la puerta y le da un beso apasionado a De Jesús mientras le acaricia la parte más despoblada de su calvicie y mira fijamente a Juan Guadalupe Luévano sigue colgando afuera, pendulando del andamio. Luévano mira hacia abajo. El principal accionista va entrando al edificio…

Hacer el amor con quien no se ama es unión sexual con desunión sensual

El viaje de vuelta a México

Cruzando líneas: La agonía de vivir, por Maritza Félix

 

 

 

 

Profesora chilena (Valparaíso, 1970). Reside en Nueva York (EUA) desde hace doce años. Ha colaborado para el periódico literario Puente Latino, Hoy de Nueva York. Forma parte del Espacio de Escritores del Bronx Writer’s Corps. Cuentos suyos han aparecido en las revistas Hybrido y Conciencia. Sus poemas, ensayos, artículos y cuentos han sido publicados por la Revista virtual Letralia de Venezuela. Sus poemas aparecen en las publicaciones mexicanas La Mujer Rota y la Revista Virtual Letrambulario además de Centro Poetico, publicación virtual española. Actualmente se desempeña como profesora de español de segunda lengua en Frederick Douglass Academy II de Harlem y realiza estudios de Doctorado en Literatura Hispánica y Luso Brasileña en Graduate Center, City University of New York.

Liza Rosas Bustos
Profesora chilena (Valparaíso, 1970). Reside en Nueva York (EUA) desde hace doce años. Ha colaborado para el periódico literario Puente Latino, Hoy de Nueva York. Forma parte del Espacio de Escritores del Bronx Writer’s Corps. Cuentos suyos han aparecido en las revistas Hybrido y Conciencia. Sus poemas, ensayos, artículos y cuentos han sido publicados por la Revista virtual Letralia de Venezuela. Sus poemas aparecen en las publicaciones mexicanas La Mujer Rota y la Revista Virtual Letrambulario además de Centro Poetico, publicación virtual española. Actualmente se desempeña como profesora de español de segunda lengua en Frederick Douglass Academy II de Harlem y realiza estudios de Doctorado en Literatura Hispánica y Luso Brasileña en Graduate Center, City University of New York.

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