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El populismo de Javier Milei

La victoria de un novato político en la elección primaria presidencial en Argentina refleja el descontento general; similitudes y diferencias con Trump 

El populismo ganó en la elección primaria presidencial de Argentina. El candidato más votado no tiene ninguna experiencia política y basa su mensaje en un agresivo discurso de que se vayan todos todos los de “la casta política” que gobierna desde hace décadas.

El economista Javier Milei sorprendió al superar el 30% de respaldo popular. Previo a la elección sus simpatizantes soñaban con superar el 17%.  Las encuestas de opinión volvieron a fallar, como cuando ocurre con figuras controversiales, en que los entrevistados se sienten incómodos de revelar su respaldo a un candidato que se ama o se odia, sin términos medios.

Milei saltó a la vida pública como un fenómeno televisivo de audiencia. Durante un largo tiempo fue invitado a programas periodísticos para que despotrique contra los políticos. El insulto, el odio contra los economistas keynesianos y hasta el grito de “¡Burro!” o “¡Burra!” a invitados que no comparten sus ideas lo convirtieron en un personaje televisivo.

El insulto, el odio contra los economistas keynesianos y hasta el grito de “¡Burro!” o “¡Burra!” a invitados que no comparten sus ideas lo convirtieron en un personaje televisivo.

Su estilo es la verborragia del charlatán que apabulla con explicaciones repetidas y referencias a economistas y libros como si fueran necesarios para demostrar su sabiduría. Una gran parte del periodismo lo reverenció, lejos de cuestionar teorías que en la práctica demostraron estar equivocados a lo largo de los años.

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Por ejemplo, su manipulación de cifras como para repetir hasta el hartazgo que 30,000 muertos por la pandemia son culpa del gobierno pone en duda su honestidad o conocimiento. Lo último es inaceptable para un economista.

Al igual que el ex presidente Donald Trump, por quien dice mostrar simpatía, su mayor atracción es decir lo que la gente común piensa. Milei expresa con dureza la frustración argentina con el establecimiento político tradicional ante otra ola de grave inestabilidad económica -un problema cíclico de los últimos 50 años.

El sentimiento detrás de Milei es parecido -salvando distancias- al respaldo a Trump con una queja general y con la promesa de volver a un pasado idílico. En este caso la grandeza argentina de comienzos del siglo 20. Ahora al argentino hay que sumarle una lista de agravios en donde dice que le robaron 5% de la elección. Otro parecido.

A diferencia del pragmatismo de Trump, producto de su desinterés en la política a menos que pueda sacar provecho personal, Milei es una persona de principios políticos sólidos, rígidos, en donde la negociación puede ser una traición a esos valores. Algo parecido a la línea dura republicana de la Cámara de Representantes.

Es un libertario del ala extrema que se define como anarcocapitalista.  Su defensa extrema de la libertad lo llevó a la controversia de aceptar la venta de órganos humanos. Una posición consecuente a su manera de pensar que horrorizó a mucha gente.

Pero la filosofía política de Milei no es el punto más atractivo de su candidatura. Su propuesta es una revolución económica-institucional con una meta a 30-35 años, con privatizaciones masivas, dolarización, eliminar impuestos (los que considera un robo) y eliminar el papel del estado como un protagonista de la vida económica y social del país.

Este libertario es el único candidato que se tomó el tiempo para presentar un detallado plan de gobierno. Un punto a favor que muestra su sinceridad ante el votante, y la novatez política de pensar que un plan a 30 años sea capaz de ganar una elección en un debate ideológico.

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 A esta altura una elección se gana con las emociones y el bolsillo. Al igual que Trump, el disgusto generalizado del momento hace que mucha gente vote por Milei aunque sus políticas de gobierno vayan contra de sus intereses reales.

Si Milei fuese electo presidente en la elección del próximo diciembre, tendría problemas para tener un Congreso dispuesto a aprobar ese tipo de medidas. Se puede llevar a consulta popular lo más espinoso, pero es difícil gobernar a través de plebiscitos.

Por otra parte, lo único que demostró el resultado de la primaria es que el electorado que participó en la primaria está prácticamente dividido en tres tercios. Mientras que un tercio de todos los votantes se quedó en casa.

El voto enojo contra el gobierno peronista del desprestigiado presidente Alberto Fernandez y su ministro de economía – y candidato presidencial Sergio Massa- salió a la calle

Se puede decir que el voto enojo contra el gobierno peronista del desprestigiado presidente Alberto Fernandez y su ministro de economía – y candidato presidencial Sergio Massa- salió a la calle. Eligió a Milei y a la candidata de línea dura, Patricia Bullrich, en la coalición que llevó a Mauricio Macri al poder en 2015.

El voto ausente en gran parte es precisamente el que está decepcionado con el gobierno principalmente por su incapacidad de lidiar con la crisis económica.

La pregunta es si en los próximos meses los votantes pasados del peronismo que hoy están desilusionados y no asistieron a las urnas, son capaces de votar por una oposición muy conservadora y dura, se quedan en casa o si se tapan la nariz y votan a Massa solo por el temor a sus rivales.

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La figura más popular dentro del peronismo es la ex presidenta Cristina Kirchner quien puso primero a Fernández como presidente y ahora Masa cuenta con su beneplácito. El sentimiento de un sector del electorado que no asistió se refleja en un dicho argentino adaptado al momento político actual: el que votó por Fernandez ve a Masa y llora. Temen que se repita la historia.

Todo depende de lo que ocurra en los próximos meses para saber quién será el próximo presidente argentino. Hoy el pronóstico es reservado. La revelación de la elección primaria es el poder del enojo y el descontento. Es una victoria ultra conservadora muy parecida a lo ocurrido en otras sociedades alrededor del mundo frustradas por democracias que alimentan corrupción e impotencia colectiva.

Milei es el populismo del siglo 21. Un libertario extremo, ex arquero y rockero, que convirtió sus mítines en un festival para una juventud que no ve su futuro en la Argentina actual. Ese fervor contra la “casta política” capaz de insultos es parecido a los vituperios de Trump, y su gente, contra “el pantano de Washington.”

Trump y Milei expresan con claridad, la queja con las mismas palabras y crudeza que lo hace la gente, eso los coloca por arriba del político tradicional que cuida sus palabras. Muestran la misma cara depreciativa del agravio contra las elites y la casta politica, todo acompañado con un sentido de superioridad de ser el dueño de la verdad. Eso fue suficiente para que el republicano llegue a la presidencia.

La raíz del populismo no es una característica de la derecha ni de la izquierda. Es un sentimiento político movilizador. Se dice que no hay mayor fuerza electoral que el enojo, el ataque a un enemigo, lo demás es secundario para la mayoría de los votantes. Así lo demostró Milei hoy:  ¿podrá hacer lo mismo en el futuro?

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