Era un buen amante

Era un buen amante

No debería sorprenderte que frente a ti esté la lápida de Giovanni Di Maggio. Ni se te ocurra asustarte, Ana . Tampoco hagas arcadas en gesto retroactivo, ni te sobes la panza por reflujo. No puedes colocar una denuncia, menos un restraining order.

Di Maggio no hizo nada. Simplemente cometió la indiscreción de ocultarte que está muerto hace cincuenta años y que en 1932 almorzaba colgando de un edificio del Rockefeller Center.

¿Qué más ya te da?

Sabes que arriesgaste el pellejo al hacerlo tu amante sin saber procedencia, lugar de trabajo, hijos o edad.

Sí. Dirás, sí, que te consoló cuando perdiste el trabajo.
Dirás que comiste con él en tu cumpleaños, que estaba disponible siempre, a diferencia de todos tus novios. Dirás oh, sorpresa, que era un buen amante, el mejor que has tenido.

¿Se te ocurrió pensar acaso que era todo eso porque Di Maggio había tenido 100 años de sexo, 25 de ellos póstumos con mujeres ilusas para practicar?

[bctt tweet=”Di Maggio cometió la indiscreción de ocultarte que está muerto hace 50 años y que en 1932 almorzaba colgando de un edificio del Rockefeller Center (Liza Rosas Bustos) ” username=”hispanicla”]

¿Por qué diantres nunca Di Maggio te invitó a su departamento? Pues porque no tenía. ¿Por qué nunca se quedó contigo a tomar desayuno? Pues, porque no podia. Obvio.

¿Cómo iba a seducirte en un panteón de tercera en el Woodlawn?

Era un cadáver, Ana.
Esta especie de hombre no come ni duerme. Cadáver era y ya está.

Dirás que te ayudó a mover los muebles, que te ayudó a armar la cama. Pero no eres tonta, Ana. Sabes que los fantasmas, dicen, son fornidos.

¿Por qué crees que te llamaba cuando apenas lo pensabas? ¿Por qué no aparecía su nombre cuando lo buscabas por Facebook? ¿Por qué crees que el Giovanni Di Maggio que encontraste en google aparecía casado y con hijos en las listas genealógicas?

¿Te habló de su familia, de sus padres, de la escuela a la cual asistió? pues no no.

Está clarito Ana, ahí está.

Esos pantalones anchos, esa boina verde y los suspensores tipo inmigrante europeo de los cuarenta lo delataban.

¿O acaso creíste que era un hipster?

La foto del Lunch atop a Skyscraper, 1932, con los tipos cenando en el palo del Rockefeller Center estaba colgada en tus narices en de la clínica donde trabajas. Sí, era en blanco y negro: pobre excusa, Ana. Pobre excusa.

El póster es enorme, casi casi tamaño natural. Podrías haber mirado que en la foto había un tipo igual.

Asume, Ana. Asúmete ilusa frente a la lápida de Giovanni Di Maggio. Búscate a uno con defectos, que hable, que huela, que no te llame, que te deje plantada.

Déjate de jugar con la tabla Ouija y no se te ocurra invocar hombres buenos ya más.

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Liza Rosas Bustos
Profesora chilena (Valparaíso, 1970). Reside en Nueva York (EUA) desde hace doce años. Ha colaborado para el periódico literario Puente Latino, Hoy de Nueva York. Forma parte del Espacio de Escritores del Bronx Writer’s Corps. Cuentos suyos han aparecido en las revistas Hybrido y Conciencia. Sus poemas, ensayos, artículos y cuentos han sido publicados por la Revista virtual Letralia de Venezuela. Sus poemas aparecen en las publicaciones mexicanas La Mujer Rota y la Revista Virtual Letrambulario además de Centro Poetico, publicación virtual española. Actualmente se desempeña como profesora de español de segunda lengua en Frederick Douglass Academy II de Harlem y realiza estudios de Doctorado en Literatura Hispánica y Luso Brasileña en Graduate Center, City University of New York.

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