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Los colores no representan a las personas

Con motivo de los recientes gritos y gestos racistas a Vinicius, jugador brasileño del Real Madrid club de futbol,nos planteamos si hay comportamientos o actitudes racistas en España. Adelantamos desde ya que sí, y la prensa fomenta a veces que eso ocurra.

Peor que ser racista es ser racista sin saberlo

Hay que empezar por dejar de identificar a las personas con colores. El uso de “negro”, contrario a lo que algunos creen, no es comparable al de “blanco”. No hay una distribución absoluta (o neutra) entre colores y personas. Lo experimentamos en la elección de Barack Obama. Si el padre era “negro” y la madre “blanca”, ¿por qué se dijo que era el primer presidente “negro” si era tan “negro” como “blanco”? La conclusión es que “negro” en nuestras latitudes nace como distanciador de “blanco”.

Los países que tienen una población mayoritaria de lo que en España se llama “negros” no dicen que son un país de “negros”, igual que no se dice en España que es un país de “blancos”. De hecho, decirlo es racista.
Lo de “llamar a las cosas por su nombre” es pésimo consejo. “Negro” no es un buen descriptor. Por la misma razón que hubo que eliminar “negroide” de los libros de antropología del siglo XIX, hay que deshacerse hoy de “negro”. Expresa un punto de vista “blanco” sobre el mundo. No hay “blancoide”. Tampoco hay un “continente blanco”, a no ser que tenga hielo.

El racismo en España, existe. Manifestación en Madrid, mayo 2019. Foto: Adolfo Lujan

Para los griegos de la antigüedad había “etíopes”, y en el Siglo de Oro español, “guineo” fue la palabra general para los 300.000 africanos que llegó a haber. Hoy se escucha “subsahariano” que va en la misma línea. Los compuestos “afroantillano”, “afroperuano” o “afromexicano”, o “afrodescendiente”, igual que “afroamericano”como término abarcador, reflejan el acercamiento a un espacio de referencia. 

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Una prueba de la incongruencia del uso de colores con personas es que en Australia no hay “negros”, sino “aborígenes”, aunque sean del mismo color que los “pigmeos” africanos. Lo dicho se aplica por igual a los “papúes” de Nueva Guinea.
El racismo lo encontramos en todas partes en que hay roce de culturas y grupos étnicos diferenciados. En el mismo Brasil, el siglo pasado, los tres estados “do Sul” querían independizarse por el simple hecho de poseer una población de origen africano menor a la del norte. Me comentaba un colega originario de esa zona que jamás tuvo compañeros de origen africano. El primer africano que yo recuerdo en España fue allá por 1964, en el Instituto Cardenal Cisneros. Era guineano. La historieta del español que quería tocar la cara de un africano para comprobar que no era pintada, me consta que es cierta. Sucedió en Bruselas en los sesenta. En los años ochenta, todavía había españoles, y españolas, reacios a creerse que fueran realmente estudiantes los jugadores de baloncesto afroamericanos de las universidades estadounidenses.

No hay más que una raza humana

Los colores no acreditan razas, sino grupos característicos. Algunos son de gran variación como el identificado como “latino”, que abarca todo el espectro. A veces se oyen barbaridades como “raza judía”, que no tienen ninguna razón de ser. No hay “raza amarilla” ni “pieles rojas”. Ahora se explora el uso de “multiétnico” en el Censo de EE.UU.
El intento de normalizar la palabra “negro”, que se ha propuesto desde algunos sectores, es una ilusión. Como hemos dicho con el caso de Obama, “blanco” se interpreta, por su origen, como “limpio de polvo y paja”, lo que viene a dejar el término “negro” como un insulto a su madre, tanto por madre, como por mujer. Para arreglar el desaguisado, algunos concluyeron que Obama era el primer presidente “que no era blanco”, lo que confirma lo precedente.

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Mural en el barrio Mision de San Francisco. Foto: Adriana Briff

El Tribunal Supremo de EE.UU. dictaminó: “negro es el que tiene apariencia de negro”. No busquemos avales científicos. Se oyen frecuentemente descripciones como “tres asaltantes latinos”. Los colores y los términos raciales recargan de odio al ajeno. Cuando se dice “música latina”, “latino” representa un tipo de música. En “asaltante latino”, sin embargo, no hablamos de una modalidad de “asaltante”. Hay racismo. La gente no distingue a un peruano de un egipcio. No es como “ojos color café” o “zurdo”.
Los “negros” de EE.UU. también son racistas. Las bolsas de papel llamadas “brown bags” son de un tono que, para algunos, marca la línea divisoria que separa a los “claros” de los “oscuros”. Nadie está exento de discriminación.

En el colegio en España, no hace tantos años, se oía como insulto: “no seas cafre”. Los profesores decían: “ni en las tribus más apartadas de África”. Por no hablar de expresiones directamente racistas, algunas en desuso, como “merienda de negros” o “trabajar más que un negro”. De aquellos polvos… El racismo es acumulación de experiencias pasadas, por eso está ahí.
Entonces, ¿hay comportamientos racistas en España? Sí, “hay mucho racismo cutre”. Cuando un profesor le dice a un estudiante de Guinea: “en otro curso, tengo a otro estudiante como tú… ‘ya sabes’” no piensa que sea racista. Hace falta una limpia.

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Perfil del autor

Luis Silva-Villar, PhD, earned his Master of Arts in music and classical guitar from the Real Conservatorio Superior de Música de Madrid and his licensure in Hispanic language and literature from Universidad Complutense de Madrid, as well as a Master of Arts in Spanish from the University of California Los Angeles. Silva-Villar went on to earn his PhD in Hispanic Languages and Literatures from UCLA as well. He teaches First-Year Spanish, Advanced Spanish Grammar, History and Culture of Spain, Spanish and the Nature of Language, among others. Silva-Villar's research interests include Spanish language and linguistics, Spanish in the U.S., language variation, language in the media, Spanish heritage speakers and foreign language education.

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