Guía para prevenir y denunciar crímenes de odio en Los Ángeles

Los crímenes de odio son un serio peligro para los individuos, para los grupos a los que pertenecen y para nuestra sociedad. La base de tolerancia que permitía la coexistencia pacífica en la ciudad, estado y nación parece haberse erosionado considerablemente. El peligro es tangible. Aquí encontrarás definiciones, explicaciones, ejemplos y una gran cantidad de recursos concretos.

En 2021, 597 crímenes de odio se registraron en la ciudad de Los Ángeles. Un récord que nos ubica como la más violenta del país. No solo eso: este número no tiene parangón con ninguna otra ciudad desde 1971, según el Centro para el Odio y el Extremismo en Cal State San Bernardino, dirigido por el profesor Brian Levin.

Los números

Sin embargo, los números, aunque terribles, son engañosos. Solo una pequeña porción de los ataques por odio se denuncian a la policía. Y solo una parte de estas denuncias son investigadas, y una proporción aún menor es calificada como tales. Para llegar a juicio, un veredicto y una condena pasan años. Son pocos.

Claramente, la mayoría de los delitos de odio no son investigados. 

Es más, LAPD (el Departamento de Policía de Los Ángeles) hace una diferenciación entre crímenes de odio e incidentes de odio. Estos últimos, con justa razón, no se registran. 

Estos últimos pueden estar protegidos por el derecho a la libre expresión, o al menos, no son punibles por la ley de la misma manera. 

Los incidentes de odio no son un acto criminal. “Los incidentes de odio pueden incluir (pero no se limitan a) volantes o lenguaje de odio distribuidos o publicados en un espacio público y grafitis de odio en lugares públicos que no están dirigidos contra un objetivo específico, como un epíteto en un edificio vacío,” dice la policía.

Dentro de las denuncias aceptadas como tales cuya investigación inició LAPD, hasta junio de este año se habían registrado ya 349, 17% más que el año anterior. Es decir, que estamos por quebrar el récord de 2021.

El año pasado, Los Ángeles fue la capital del odio social de Estados Unidos. Los ataques por odio aumentaron en 71%. Contra los negros, en 91%.

Uno de cada cuatro delitos de odio en esta ciudad se cometen contra afroamericanos, una comunidad que no excede el 8% de nuestra población. Después de haber sido esclavizados hasta hace solamente 154 años, todavía es la que más sufre la discriminación, el odio y la violencia.

Y directamente relacionado con la incitación abominable de Donald Trump contra China y los chinos a quienes echó la responsabilidad del COVID-19, los crímenes contra asiáticos subieron en un 300%.

Esta triste realidad se repite ciudad por ciudad en todo Estados Unidos, con una gran excepción: Nueva York, donde el grupo que más sufre ataques de odio son los judíos.  

La situación es similar en el condado de Los Ángeles, en las decenas de ciudades que rodean LA.

Esos números, por supuesto, no incluyen la discriminación violenta cuyos responsables son los mismos agentes del orden, aquí especialmente en el caso de afroamericanos y latinos

Estamos sufriendo entonces una enfermedad social. Son parte de ella los criminales victimarios y las víctimas. También las fuerzas del orden cuya función es prevenirlos y castigarlos. Las fuerzas vivas de las ciudades, el condado y el estado, que determinan si los crímenes de odio son parias, escasos, castigados, o si, como parece en estos días, se están convirtiendo en norma. 

En mainstream. El odio fluye por nuestras calles como una lluvia turbia. 

Las definiciones

En todo el país, cada día hay más declaraciones racistas en general y últimamente, antisemitas en particular, por personalidades conocidas de la derecha, como el “artista” que se cambió el nombre de Kanye West a “Ye”, o como la congresista Marjorie Taylor Greene.

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Una cantidad de instituciones oficiales, así como grupos comunitarios, organizaciones sin fines de lucro y los medios, proporcionan ayuda a quienes sufren estos ataques. 

Hemos presentado algunos de estos recursos en una nota anterior de esta misma publicación

Aquí ampliamos el informe de recursos. 

Definamos el crimen de odio.

Según la policía, es un acto criminal o un intento del mismo, contra personas por su género, nacionalidad, raza, origen étnico, orientación sexual, religión o discapacidad, sean reales o percibidos por el victimario. 

Los casos

Algunos ejemplos de 2022.

El 11 de julio de este año, en Sylmar, un barrio de 80,000 habitantes en el Valle de San Fernando, un hombre agredió verbalmente a dos personas vestidas de mujer, las siguió, sacó un arma y disparó. Un transeúnte resultó herido de gravedad. Lo arrestaron. 

También en julio, Eric Antonio Sánchez pasó junto a Ryan Bush, un homeless de 48 años, en San Fernando. Está acusado de sacar un arma y dispararle a Bush, causándole la muerte. Supuestamente por su idea de su identidad de género y orientación sexual. Disparó también contra un transeúnte. Fue acusado de un cargo de asesinato e intento de asesinato con un agravante de crimen de odio.

En junio, LAPD arrestó a Tony Earl King después de que una cámara de video lo captó usando su codo para golpear, sin provocación, a la víctima en la cara mientras los dos estaban afuera de una tienda en el vecindario de Koreatown. La víctima cayó inconsciente. Según CNN la policía aún no había decidido si se trataba de un crimen de odio. La comunidad coreana ha protestado frente a la sede policiaca. 

En mayo, Nicholas Weber fue captado en video amenazando a una familia filipina y luego supuestamente agrediéndola en un estacionamiento de McDonald’s en North Hollywood. Derribó al padre, causándole la fractura de una costilla. Golpeó a la madre y le apretó el cuello. Todo ello mientras los insultaba con epítetos raciales. Weber fue detenido y se presentaron en su contra dos cargos de agresión grave aquella misma noche, cargos que conllevan una acusación de crimen de odio. Sin embargo, inexplicablemente, fue puesto en libertad por la policía y no se presentó a su audiencia judicial.  También ha habido protestas de la comunidad por la poca seriedad de las autoridades. 

En marzo, una mujer trasgénero de 53 años estaba paseando a su perro en Inglewood cuando una mujer supuestamente la golpeó y atacó con un cúter. La atacante, una latina de 38 años, fue acusada en agosto de un delito grave de asalto con un arma mortal y mutilación agravada y un delito menor de violación de los derechos civiles. Además, se presentó una denuncia agravante en su contra por delito de odio.

¿Qué hacer? 

Si fuiste víctima de un ataque de odio o lo fue alguien que conoces y quieres denunciarlo y protegerte, se aconseja reportar al Departamento de Policía, a las líneas 311 y 211, o a instituciones especializadas. 

La Oficina del Fiscal de la Ciudad de Los Ángeles tiene un Portal de Asistencia a Víctimas  disponible en 14 idiomas con recursos para víctimas de delitos, incluidos los delitos de odio. Los recursos incluyen asesoramiento sobre salud mental, apoyo para la pérdida de ingresos o lesiones, y mucho más.

Por su parte, el estado de California tiene una Junta de Recursos para Víctimas y un fondo de compensación para víctimas de delitos motivados por el odio, en www.victim.ca.gov.

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Contra el cada vez más frecuente acoso en línea, el cyberbullying la víctima puede acudir a también iHollaback HeartMob, ahora llamado Right to Be, en www.righttobe.com, donde se ofrecen herramientas de recursos para detenerlo.

Los miembros de la comunidad AAPI – asiático americana e isleña del Pacífico – tienen a su disposición el sitio «Stop AAPI Hate»: https://stopaapihate.org/

En Stand Against Hatred – https://www.standagainsthatred.org/report – hay una guía para aprender cómo reportar el crímen. Si bien está dirigido a la comunidad asiático americana hay una versión en español.

Rob Bonta, el procurador general de California, escribe al respecto: «Cualquier persona que envíe cualquier comunicación en línea para asustar, avergonzar, acosar o atacar deliberadamente a otra persona es un acosador cibernético. El acosador cibernético puede usar mensajería instantánea, correo electrónico, sitios web, sitios de diarios, perfiles en línea, juegos interactivos, tabletas y teléfonos celulares para agredir a su víctima».

Tiene tres consejos de prevención: «Usa contraseñas secretas seguras para las cuentas en línea: nunca las comparta, nunca. Mantente alejado de los acalorados debates en línea. Y  los problemas del mundo real conducen a problemas en línea. Cuéntale a alguien».
En caso de experimentar o presenciar señales de advertencia de suicidio, llama al 988, la Línea de Vida de Suicidio y Crisis, en todo el país, o ve a https://988lifeline.org/help-yourself/en-espanol/.

La ley Ralph

Las víctimas de crímenes de odio pueden presentar una queja ante el Consejo de Vivienda y Empleo Justos de California y el Departamento de Vivienda y Empleo Justos (DFEH). O o buscar soluciones civiles a través de una acción judicial en virtud de la Ley de Derechos Civiles Ralph, Cal. civ. Sección 51 del Código. 

Incluso si no se determinan cargos criminales, las víctimas pueden obtener órdenes de restricción, pago por daños reales, daños punitivos, sanciones civiles y honorarios de abogados. Datos disponibles en https://calcivilrights.ca.gov/.

La ley Ralph establece que es un derecho civil que una persona esté libre de violencia o amenaza contra su persona o su propiedad en función de una amplia gama de características personales, incluida la orientación sexual o la percepción de la orientación sexual.

Aquí se puede encontrar el texto completo de la ley Ralph, en el sitio de la Legislatura de California:  https://leginfo.legislature.ca.gov/faces/codes_displaySection.xhtml?lawCode=CIV&sectionNum=51.7

Ejemplos de crímenes de odio cubiertos por la ley Ralph 

  • La violencia por odio suele implicar contacto físico o amenaza de contacto físico con una persona o sus bienes.
  • Intentar disuadir u oponerse a las actividades religiosas mediante amenazas de violencia. 
  • Dañar la propiedad de una persona debido a su raza, color o nacionalidad, reales o percibidos. 
  • Realizar actos de vandalismo o grafitis en un edificio debido a la orientación sexual real o percibida de las personas que lo utilizan o son sus propietarios. 
  • Usar o blandir (mostrar) un arma para amenazar o herir a alguien por el género o la identidad de género real o percibido de esa persona. 
  • Agredir o intentar agredir a una persona por su discapacidad real o percibida. 
  • Abogar por la violencia contra una persona debido a una característica protegida real o percibida, incluidas afiliación política o ascendencia, con el fin de incitar a una acción ilegal inminente, es decir, alentar a alguien a actuar de una manera que infrinja la ley

Categorías protegidas por la ley Ralph 

Lista parcial.

  • Sexo/género (incluidos embarazo, parto y condiciones médicas relacionadas) 
  • Identidad de género y expresión de género 
  • Raza 
  • Color 
  • Religión 
  • Ascendencia 
  • País de origen 
  • Discapacidad 
  • Condición médica 
  • Información genética 
  • Estado civil 
  • Orientación sexual 
  • Ciudadanía 
  • Idioma principal 
  • Estatus migratorio 
  • Afiliación política 
  • Posición en un conflicto laboral.

Algunas de las organizaciones que luchan contra los crímenes de odio

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Recursos legales

Los crímenes de odio son un serio peligro para los individuos, para los grupos a los que pertenecen y para nuestra sociedad. La base de tolerancia que permitía la coexistencia pacífica en la ciudad, estado y nación parece haberse erosionado considerablemente. El peligro es tangible. Aquí encontrarás definiciones, explicaciones, ejemplos y una gran cantidad de recursos concretos.

Este artículo fue apoyado en su totalidad, o en parte, por fondos proporcionados por el Estado de California y administrados por la Biblioteca del Estado de California.

Perfil del autor

Fundador y co-editor de HispanicLA. Editor en jefe del diario La Opinión en Los Ángeles hasta enero de 2021.
Nació en Buenos Aires, Argentina, vivió en Israel y reside en Los Ángeles, California. Es periodista, bloguero, poeta, novelista y cuentista. Fue director editorial de Huffington Post Voces entre 2011 y 2014 y editor de noticias, también para La Opinión. Anteriormente, corresponsal de radio. Tiene tres hijos adultos que son, dice, "la luz de mi vida".

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