domingo, julio 25, 2021
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Los niños migrantes que nunca llegaron 

Los registros de Estados Unidos indican que, desde el 1 de enero del 2000 hasta el 31 de diciembre  del 2020, han sido detenidos más de 300.000 niños en la frontera sur. Son más de  30.000 niños por año de promedio.

Los que cruzan o se entregan

Tuvieron picos de 50.000 entre el 2015 y 2017, o sea más de 4.000 por mes. Un número similar, estimado, no fue detectado o detenido en Inmigracion: los que  llegaron en manos de sus familiares o “coyotes”. 

Es lamentable que todo esto ocurra. Son jóvenes y niños indefensos que huyen de la inseguridad  que reina en los países centroamericanos. En su mayoría, vienen de El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Honduras.

Estos jóvenes y niños debieron recorren todo el territorio mexicano en busca del sueño americano. La búsqueda de un futuro los empuja a afrontar cualquier circunstancia, cualquier desafío, para cruzar la anhelada frontera.

Pero ni UNICEF ni las asociaciones de protección a menores, quieren ver una realidad más atroz que se oculta tras este hecho, de por sí catastrófico. Se trata de los niños que no llegan. Son tantos o más que los que se presentan en la frontera o los que cruzan.

Los miles de niños y jóvenes que fueron detenidos mientras cruzaban la frontera o se entregaban pidiendo asilo, hoy están hacinados en albergues “casi” carcelarios. Pero ellos  son solo una parte de los que salieron de Centroamérica rumbo al sueño americano.

Los que se pierden en el camino

Se estima que por cada uno que cruzó la frontera hay al menos uno o más que  no llegó. Es decir que desde enero del 2010 hasta hoy otros 300,000 niños y jóvenes que salieron de sus  hogares y nunca terminaron de cruzar el territorio mexicano.

¿En dónde están? ¿Qué les pasó? ¿Por qué no llegaron? ¿Qué les ocurrió a los niños que desaparecieron dentro del vasto territorio mexicano?

Los niños y jóvenes migrantes, al ingresar al territorio mexicano desde el sur son vulnerables a la explotación, la trata sexual. Muchos son víctimas de la delincuencia. Sufren graves violaciones  a su integridad física cuando son absorbidos por redes del crimen organizado. Los someten a  explotación sexual, a eslcavización laboral. No solo eso. Los asesinan para venderlos “en partes” a los traficantes  de órganos. Es en esas terribles circunstancias que muchos niños y jóvenes migrantes pierden la vida en el intento de llegar al país.

Cuatro enemigos de los niños

Los peligros van en aumento a medida que los niños y jóvenes migrantes se internan en el territorio  mexicano. Detallo cuatro de ellos, solo una muestra de las profundidades de este  infierno, para desarrollar uno de ellos. 

La Policía Federal

La Policía Federal, es el primer obstáculo que advierten las diferentes organizaciones que defienden a los migrantes, por ser la  institución más denunciada. Los uniformados son quienes más extorsionan a los inmigrantes en su camino a Estados Unidos.

La Casa del Migrante denunció que la Policía Federal acumuló el mayor  número de denuncias por extorsión, incluso por delante del cártel de Los Zetas y de pandillas como La  Mara Salvatrucha o Barrio 18. El  47% de los migrantes denunció que la Policía Federal les exigió todo su dinero y pertenencias para permitirles continuar su camino. 

Los narcotraficantes

Los cárteles de narcotraficantes constituyen el segundo peor enemigo de los niños migrantes. Cuando atrapan a sus víctimas, luego de robarles todo los que les  queda esclavizan a los jóvenes más fuertes para que trabajen en las plantaciones ilegales. A las jóvenes las  prostituyen en los burdeles clandestinos. Para quebrar su resistencia los drogan transformándolos en  consumidores o fantasmas humanos.

La pornografía infantil

Los criminales que se dedican a la pornografía infantil, forman el tercer estamento de este viaje al infierno. Niños y niñas desde pocos meses de edad hasta los nueve o diez años son vendidos a las redes de pederastas que pagan fortunas por ellos. Las mismas redes luego comercian internacionalmente vía internet desde videos de los niños hasta lo que publicitan como “turismo  sexual con menores”.

Debemos reconocer que los gobiernos internacionales aumentaron la detención de  integrantes de grupos criminales acusados de almacenar, distribuir y transmitir pornografía infantil a través de internet. Sus investigaciones no solo se refieren a delitos de esta índole. También se enfocan en combatir el tráfico de personas, la trata  sexual, la corrupción de jóvenes y la desaparición de niñas y niños. 

El tráfico de órganos 

El cuarto infierno y el más profundo lo constituyen las redes dedicadas a la venta de órganos humanos tomados de los cuerpos de personas recién asesinadas. De acuerdo con fuentes, un corazón se cotiza en $120,000. Un riñón, $80,000. Un hígado se consigue por $60,000. También tiene su cotización los pulmones, globos oculares, arteria coronaria, intestino y más.

El problema del que lucran los asesinos es la escasez de órganos para  trasplante en países como Estados Unidos. También China, Brasil y el mismo Mëxico. Típicamente, solo se puede proveer el 10% de los órganos que esperan los pacientes. Cada día mueren 18 personas que aguardaban una donación de órgano.

Como en todo mercado, la demanda supera la oferta, lo que aumenta el valor del producto, y los familiares del enfermo que espera un trasplante  “pagan sin preguntar” para recibir el órgano adecuado. 

Los negocios se unifican

Desde el 2010 estos cuatro “negocios” se están unificado en uno solo. Los narcos ya poseen y abastecen la pornografía  infantil y el trafico de órganos. Y lo hacen con protección policial.

¿Por qué? De acuerdo con las últimas estadísticas, el narcotráfico ya no es un negocio tan rentable para los  carteles que “exportan” droga a Estados Unidos. La razón es que las nuevas  tecnologías permiten a los consumidores producir drogas artificiales en el baño de su propia casa. Incluso existen portales en internet que explican cómo hacerlo. 

La “creatividad” de los carteles, entre los cuales están los Zetas y muchos más, los llevó a diversificar el «comercio”. En su búsqueda encontraron otro negocio ilegal. Los estadounidenses siguen siendo sus  principales “clientes”. Este negocio es más rentable que las drogas. Tiene el incentivo de que nadie se atreve a investigar, y los usuarios prefieren resignarse que denunciar. El nuevo “negocio” es el tráfico de órganos.  

Es insólito escuchar a las autoridades en rueda de prensa afirmar que el tráfico de órganos «no es tan  grave en México, ya que no hay muchas denuncias”… Por supuesto que no las hay: el “donante” está muerto y su familia no sabe nada. Y los familiares del enfermo que espera un trasplante para salvar su vida, pagan sin preguntar.

La doble moral

Desde América Latina salen por avión exportaciones que no registradas. Cada día cruzan el Atlántico rumbo a mercados clandestinos alemanes, suizos o italianos que pagan una fortuna por los órganos.

La desesperación por seguir viviendo alimenta el aterrador negocio  del tráfico clandestino de órganos humanos en el mundo, sin medir las consecuencias. Una acción criminal organizada destina órganos de personas pobres para los ricos que pueden pagarlos. 

Hasta hace unos años, numerosos pacientes ricos de Estados Unidos, Alemania e Italia viajaban a la India,  Filipinas, Hong Kong y Egipto, para recibir un trasplante en condiciones nada seguras. Pero ahora se han montado  servicios sofisticados en suelo mexicano. Tanto los enfermos como los médicos estadounidenses cruzan, y allí practican las  cirugías de trasplantes con equipos de alta complejidad. No preguntan el origen de los órganos. Y los criminales pagan por el silencio de numerosos inspectores de salud y agentes de policía. 

La doble moral de los países “civilizados” consiste en criticar a China, donde se extraen ilegalmente en  cárceles y campos de concentración, más de 3.000 órganos de prisioneros asesinados al año (más de ocho  diarios). Entretando, los ciudadanos europeos y americanos viajan a México para recibir trasplantes de órganos ilegales  de personas también asesinadas por los carteles del narcotráfico. 

Inmigración Infantil

La organización europea Save The Children con sede en Londres denunció repetidamente el tráfico de órganos de niños y jóvenes migrantes. El periódico del Vaticano, L’Osservatore Romano, denunció que “en muchos países desarrollados  un elevado número de personas salvan sus vidas gracias al tráfico de órganos de menores indocumentados”. El medio señala que “el pedido de órganos está aumentando considerablemente en los países occidentales, mientras que el número de donantes ha bajado”. Agrega que “el tráfico de órganos de menores de edad es un crimen organizado relativamente nuevo, y se debe al considerable mejoramiento de las técnicas de trasplante  en los últimos años. En consecuencia, la demanda supera por mucho la oferta”, incluso el Papa Francisco  condenó hace unos años “esas prácticas criminales de tráfico de órganos”. 

En México están apareciendo fosas clandestinas con  cadáveres de niños y jóvenes. Fueron  calcinados para ocultar que los mutilaron y extrajeron sus órganos vitales. Los gobernantes todavía siguen negando la existencia de esta aberrante realidad,  pero como todos sabemos, el primer paso para resolver un problema es reconocer que el problema existe.

Primera de cinco partes. 

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Cesar Leo Marcus
Cesar Leo Marcus, nació en Buenos Aires, Argentina, en 1951. Realizó estudios sobre periodismo, logística, energías renovables, literatura, economía y sociología, en Sudamérica y Europa. Investigó religiones comparadas en España, Israel, Italia y en la biblioteca Papal del Vaticano. Es profesor invitado en varias universidades y ha publicado más de dos centenares de trabajos en periódicos y revistas de Latinoamérica, EE.UU. y España. En el 2002 funda la Cámara de Comercio Argentino Californiana, en el 2003 funda la Interamerican High School, donde personas latinas mayores podían estudiar el GED en español y en 2008 funda Windmills Edition, una editorial virtual para publicar libros a bajo costo. Escribió ocho libros, de los cuales ha publicado cinco. Desde 2003 escribe una columna semanal para La Prensa Hispana del Valle de Coachella, que es levantada por varios periódicos de California, Miami y New York.

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