domingo, junio 13, 2021

Los Angeles, tierra de terremotos

¿Cuál será el Big One, el Grande? Cualquiera. La tierra jamás ha dejado de temblar, y los sismógrafos no descansan.

El 16 de octubre de 1999 un fenómeno de 7.1 puntos en la escala Richter zigzagueó por un recorrido de 28 millas de grietas subterráneas a 37 millas de Palm Spring. Por ser en el desierto de Mojave no hubo pérdidas humanas ni daños. Si el epicentro hubiese estado en Los Angeles hubiesen sido cuantiosos.

Más recientemente, el sábado pasado hubo un temblor de 3.1 puntos, según el Servicio Geológico Nacional, a 15 millas de Trona, en el centro de California, dos semanas atrás otro con epicentro en Ontario se sintió en el edificio de La Opinión y el vaivén desde el piso 31 mareó a muchos.
El jueves 22, fue de 3.1 puntos y ocurrió en el área de Reseda, en pleno valle de San Fernando, sintiéndose en Downtown.

Este viernes, uno de 3.4 golpeó la playa de Venice, a pocas millas del centro de Los Angeles. Algunas personas lo sintieron, otras no. Pero el mismo viernes, una nueva investigación de UC Irvine vino a dar una respuesta estremecedora a esta interrogante: pronto. De hecho, ya debía haber venido.

Según el último estudio, en los últimos 700 años -desde 1310- los grandes temblores se dieron en intérvalos promedio de 137 años, contra 200 años de lapso que se creía hasta ahora.

Ahora bien, la última vez que golpeó California un fenómeno de gran magnitud, de 7.9 puntos, fue en 1857. Eso quiere decir que desde 1994 estamos a un tris del temblor, del Big One. Ya pasaron 152 años.

El de Northridge de aquel año, al igual que el de Sylmar de 1971, con 65 muertos, fue de «sólo» de 6.7 puntos, no de 7.9: es una gran diferencia. Cada 0.1 punto se duplica la potencia del terremoto. El de 7.9 sería 3,981 veces más poderoso, según datos de Caltech. La grieta tendría de 10 a 15 millas de profundidad y de 200 a 250 millas de longitud. La tierra se desplazaría en ondas de 30 pies en ambas direcciones. Duraría de dos a cinco minutos ininterrumpidamente.

El grande, el terrible, el de las películas, el mortífero, está cerca. ¿Qué hacemos? Mucho se ha hecho, mucho se puede hacer, mucho quizás no se haga nunca.

El temblor de 5.4 puntos ocurrido el 29 de junio de 2008 con epicentro en Chino Hills  demostró la utilidad de las medidas preventivas que se tomaron aquí durante décadas en el ámbito de la construcción y los preparativos de emergencia. Aunque relativamente moderado, fue prolongado y superficial, de modo que causó la impresión de ser más potente. Mucha gente se escondió debajo de los escritorios.

Los estrictos códigos legales de construcción desde 1997 contemplan una miríada de medidas preventivas, desde el apuntalamiento hasta el uso masivo de madera, un material liviano. Escuelas, residencias, supercarreteras, vías férreas…. hasta muchos hospitales están asegurados contra temblores relativamente fuertes. Los departamentos de bomberos están bien entrenados.

El 13 de noviembre del año pasado, 5.5 millones de californianos participaron en el ejercicio llamado «La Gran Sacudida del Sur de California», un simulacro de terremoto de 7.8 puntos de magnitud.
Fue un operativo gigantesco de coordinación y entrenamiento y diseminación de información para la población, que indudablemente se repetirá, con el objetivo de mejorar la comunicación entre grupos de ciudadanos y de barrios y el público y dar a la gente más tiempo para prepararse.

El terremoto del año pasado sirvió para indicar cómo golpearía el Grande: los servicios de telefonía e internet, vitales para la comunicación, sobrevivieron luego de un período de sobreuso por parientes y amigos El sitio de internet del Los Angeles Times cayó por poco más de 10 minutos; atrasó en una hora el servicio de trenes local, interrumpió el sistema de radar terrestre del aeropuerto internacional de Los Angeles. Algunas tejas cayeron o tubos de agua reventaron; algunos ascensores se detuvieron entre pisos. Varios heridos, especialmente por empujarse para huir.
Pero falta mucho por hacer. Numerosos hospitales están atrasados en su modernización, y de hecho violan la ley.

La mampostería no reforzada es ilegal desde 1935, pero sólo en San Bernardino hay 200 edificios en esas condiciones.

En 1997 se prohibió el acero con alto contenido de carbono por quebradizo y ordenó usar materiales reforzados para juntar partes de acero. Pero centenares de miles de estructuras no pueden ser reforzadas porque implicaría demolerlas.

Los 16 muertos de 1994 se dieron con el colapso de un edificio de departamentos cuya planta baja era especialmente débil, con escasas paredes y columnas. Después del sismo se identificaron 20 mil edificios similares y se ordenó reforzarlos. Pero esto se ha hecho en sólo 800 casos.

El 13 de noviembre del año pasado, 5.5 millones de californianos participaron en el ejercicio llamado «La Gran Sacudida del Sur de California», un simulacro de terremoto de 7.8 puntos de magnitud.
Fue un operativo gigantesco de coordinación y entrenamiento y diseminación de información para la población, que indudablemente se repetirá, con el objetivo de mejorar la comunicación entre grupos de ciudadanos y de barrios y el público y dar a la gente más tiempo para prepararse.

Recursos

El peligro es tangible y concreto y las soluciones no son fáciles. El sur de California es una de las zonas urbanas más pobladas del mundo: uno puede viajar por horas en los freeways, a velocidad normal, sin que jamás se acabe el paisaje urbano. Construir según los más estrictos códigos es caro, y más aún es reforzar (retrofit) los edificios existentes.  Millones de residentes carecen de equipos de supervivencia para este caso. Y en la escala de prioridades del presupuesto estatal, las preparaciones para el Big One no están a la cabeza. A pocos políticos les gusta difundir profecías de apocalipsis.
Y aunque nos angustie y preocupe, aunque nos distraiga de los problemas que ya tenemos en exceso, sin embargo, es necesario que sepamos: si queremos seguir viviendo aquí, mejor conocer la realidad y prepararse. La Agencia Federal de Administración de Emergencias (FEMA) tiene aquí esta lista de sugerencias y buenos consejos para prepararse.

Otros se pueden hallar aquí y aquí. Mas aun, desde aquí usted puede pedir que le envíen gratis a su casa el folleto Echando Raíces en Tierra de Terremotos. También lo puede bajar por internet.

Fundador y co-editor de HispanicLA. Editor en jefe del diario La Opinión en Los Ángeles hasta enero de 2021.
Nació en Buenos Aires, Argentina, vivió en Israel y reside en Los Ángeles, California. Es periodista, bloguero, poeta, novelista y cuentista. Fue director editorial de Huffington Post Voces entre 2011 y 2014 y editor de noticias, también para La Opinión. Anteriormente, corresponsal de radio. Tiene tres hijos adultos que son, dice, "la luz de mi vida".

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